In memoriam

 

NOS DEJA MONTSERRAT CABALLÉ

Triste noticia para los que amamos la Música. Desaparece una de las divas más conocidas y reconocidas mundialmente. Montserrat Caballé fue la Gran Señora de la Ópera, con su voz prodigiosa llenó teatros y recibió grandísimos aplausos en los mejores escenarios del mundo. También fue una buena persona que colaboraba en causas humanitarias. Muy querida y apreciada por sus compañeros de profesión, su huella permanecerá en nosotros para siempre.

En nombre de todos y cada uno de los cantantes de nuestro Coro, de nuestro Director, y en el mío propio, expreso nuestra condolencia por su muerte, rindiendo así nuestro homenaje de admiración a esta gran cantante  por sus valores profesionales y humanos.

DESCANSE EN PAZ.

Teresa Ariza, Presidente del coro Millenium Granada

ARTÍCULO APARECIDO EL 6-10-18 en el Periódico /EFE

 

MONTSERRAT CABALLÉ (12 de abril de 1933) será recordada siempre por su voz prodigiosa. Nacida en Barcelona y de familia humilde, recibió sus primeras clases de solfeo de la mano de su madre.

Considerada una de las sopranos más grandes del siglo XX, Caballé sería siempre una siempre diva fiel al Gran Teatro del Liceu, donde inició su ‘reinado’ en 1962 con ‘Arabella’, aunque sus interpretaciones se han podido escuchar durante años en los principales escenarios de todo el mundo.

Debut en Nueva York

Mujer cercana, de gran humanidad y que siempre demostró un particular sentido del humor, la soprano fallecida este sábado a los 85 años de edad empezó a forjar su mito cuando el 20 de abril de 1965 tuvo que sustituir en el Carnegie Hall de Nueva York a una indispuesta Marilyn Horne, recordándose desde entonces su interpretación de Lucrecia Borgia.

El prestigioso The New York Times llegó a resaltar que Montserrat Caballé era poseedora de una voz combinación entre las legendarias Maria Callas y Renata Tebaldi. De su voz se ha destacado que era plenapotente bella, que estaba dotada de tersura, nitidez, pureza o suavidad, y que su timbre era iridiscente y tornasolado.

Además de en el Liceu, la Caballé fue habitual en los más importantes cosos operísticos, ya fuera la Scala de Milán, el Covent Garden de Londres, las óperas de París y Viena o la Metropolitan Ópera de la ciudad de los rascacielos.

 

El Liceu de Barcelona

Sin embargo, siempre se sintió especialmente unida al Liceu de Barcelona, donde cantó por primera vez el día 13 de abril de 1953, un año antes de finalizar sus estudios de canto en el conservatorio de la institución musical, aunque profesionalmente no debutó en el teatro operístico barcelonés hasta el 7 de enero de 1962, siendo aclamada por el público y la crítica.

Cuando, en 1994, un incendio devastó el teatro, cantó emocionada entre las ruinas, destinó 36.000 euros para la reconstrucción y nunca tuvo un ‘no’ para una función en el coliseo de la Rambla.

Tampoco dejó pasar el 50 aniversario de su debut en ese escenario y el 3 de enero del 2012, apoyada en una muleta forrada de negro, vio como el teatro de las grandes ocasiones se rendía a ella, arropada por amigos como Josep Carreras, Joan Pons o Juan Diego Flórez, y su hija Montserrat Martí.

«Me siento ufana de llevar el nombre del Liceo por todo el mundo», había proclamado en más de una ocasión, y, de hecho, en 2002 se convirtió en la primera mujer socia del elitista Círculo del Liceo en sus 165 años de historia.

Al cumplir medio siglo en los escenarios, Caballé explicó que, para conseguir una extensa carrera como la suya, ‘necesitas que el cerebro funcione bien para saber qué cantar, desarrollar un repertorio adecuado para cada edad’.

En su prolífica trayectoria, nada se le resistió y tanto interpretó ‘Così fan tutte’, de Mozart, como ‘Norma’ o ‘I puritani’, de Bellini, como el repertorio verdiano, o las protagonistas de ‘Isolda’ y ‘Sieglinde’, de Wagner.

‘Tosca’, ‘La Bohème’, ‘Madame Butterfly’ y ‘Turandot’, el cuarteto de Puccini, también formaron parte de un repertorio que alcanzaba cerca de noventa personajes.

Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Josep Carreras, Jaume Aragall, Joan Pons o su propio marido, el tenor aragonés Bernabé Martí, cantaron a su lado en numerosas ocasiones.

Actuaciones destacables

Tampoco pueden olvidarse su actuación en la Casa Blanca en 1985 ante Ronald Reagan; el entrañable homenaje que le dedicó el madrileño Teatro de la Zarzuela tres años más tarde o la intervención al aire libre junto al cantante Freddie Mercury, con quien, en 1988, grabó el tema ‘Barcelona‘, que abanderó los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Sus más de cincuenta años de carrera han estado trufados de premios y reconocimientos, como el Príncipe Asturias de las Artes en 1991 o varios doctorados ‘honoris causa’ de universidades como el de la Internacional Menéndez Pelayo o la de Barcelona, también colaboró con la UNESCO y fue embajadora de buena voluntad de la ONU.

Achaques de salud

En los últimos años, sus achaques de salud fueron también noticia al provocar la cancelación de algunos compromisos.

En 1983 tuvo una insuficiencia cardiaca y tres años más tarde se le diagnosticó un tumor cerebral benigno (lo que hizo público en 2006); en 1996 fue operada de hernia epigástrica, una dolencia que la volvió a llevar al quirófano en 2000 y 2001, y en 2012 sufrió un ictus en Rusia que le causó fractura de húmero.

Estos problemas fueron espaciando cada vez más sus apariciones en público -aunque participó en el anuncio de Lotería de Navidad del 2013, un anuncio que ella mismo calificó de «horroroso«-, pero Caballé nunca anunció una retirada definitiva de los escenarios. Su última actuación se produjo en agosto del 2014, dentro del Festival de Música de Cambrils, donde actuó junto a su hija Montserrat Martí.

 

 

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ADIÓS A CHARLES AZNAVOUR

Me ha conmovido hoy conocer la muerte de uno de mis cantantes favoritos desde hace años. Ha muerto Charles Aznavour, el corazón profundo de la canción francesa, ese hombre, pequeño de voz y de estatura, pero grande como músico y como poeta.

Quiero rendirle mi humilde homenaje de admiración y dedicarle un recuerdo cálido y agradecido por lo que ha aportado a la Músicay a mí personalmente con sus canciones.

Descanse en paz.

Teresa Ariza

Reproduzco, para quien quiera leerlo, un artículo de SILVIA AYUSO  aparecido en EL PAÍS

 

SILVIA AYUSO

París 1 OCT 2018 – 21:25 CEST

No tenía buena voz. No era guapo. Ni siquiera alto. No tenía nada para triunfar sobre un escenario y así se lo dijeron los críticos cuando comenzó su carrera. No los escuchó, e hizo bien. Más de 1.400 canciones grabadas, 800 de ellas compuestas por él mismo, casi 300 discos publicados, más de 100 millones de álbumes vendidos y salas de conciertos llenas para escucharle bien pasados los 90 años, además de una extensa carrera en el cine, demuestran que tenía razón. La voz de Charles Aznavour (París, 1924) se ha apagado en la madrugada de este lunes en el sur de Francia a los 94 años, pero lo ha hecho, como todo en su vida, a su manera.

“No es importante ser recordado. Lo importante es saber que mi trabajo será recordado”, decía cuando desveló su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, en 2017. A los 93 años que sumaba entonces, le temblaban ya algo la voz y el pulso, pero aún siguió subiéndose incansable a escenarios en todo el mundo. Porque era lo que más le gustaba, junto a componer. Y aunque hace una década evocó la posibilidad de retirarse algún día, como señalaba en su canción J’abdiquerai (Abdicaré), ese día tardó en llegar y Aznavour siguió cantando en todo el mundo casi hasta su último aliento. De hecho, tenía previsto actuar el 26 de octubre en Bruselas y pasarse el otoño de gira por Francia.

La bohèmeVenecia sin ti, La mamma, y Emmenez-moifiguran entre sus canciones más destacadas de un repertorio de marcado tono nostálgico. Compuso además para artistas como Edith Piaf, y como actor, participó en unos 80 filmes.

Una energía y un amor por lo que hacía que le permitieron conquistar a varias generaciones durante una carrera que se extendió décadas y por todos los continentes. Charles Aznavour cantó en media docena de idiomas. Era reverenciado en lugares insospechados como Cuba, donde grabó un disco hace una década junto a Chucho Valdés. En Armenia, país del que era originaria su familia —su nombre real era Shahnour Vaghinag Aznavourian— y del que fue nombrado embajador permanente ante la ONU, tiene dedicadas estatuas y hasta un museo.

Su trayectoria artística se compone de 1.200 canciones. Seguía componiendo  y tenía previsto actuar el día 26 en Bruselas

En 1998, la cadena CNN lo declaró el “artista del entretenimiento del siglo”. Otros lo llamaban el Frank Sinatra de Francia. En su país, porque Francia siempre fue su país, era, sencillamente, el «patrón» de la música francesa.

“Me gusta escribir lo que los demás no escriben”, explicaba a EL PAÍS cuando ya había cumplido los 90 años. Y no tenía tabúes. Escribió —y cantó— sobre la homosexualidad cuando casi nadie se atrevía. “Como en la literatura, la pintura, la fotografía o los artistas que se lo permiten todo, en una canción se puede decir de todo, a condición de que se sea sincero, esté bien escrita y no sea vulgar”, decía al respecto.

Aun así, en varias ocasiones dijo lamentar que, si bien se había valorado su carrera como cantante, su faceta de compositor, como “escritor de la canción”, como decía, había quedado algo ensombrecida. “Tengo la impresión de que jamás se me ha leído. Se me escucha. Cuando un joven artista me trae un disco, siempre le digo: ‘Dame también las letras para que las lea’”, explicaba en una entrevista en 2007.

Una de las primeras películas en las que apareció fue ‘Disparen al pianista’. En el filme, interpreta a un hombre que intenta alejarse de su problemática familia tras la muerte de su esposa.

Con todo, como reconocía él mismo, no lo hizo nada mal “para un chaval que salió del colegio a los diez años y medio sin pena ni gloria”. Lo que sabía, como tampoco se cansaba de contar, lo aprendió en buena parte de su padre, Mischa Azna­vou­rian, un barítono que junto con su madre, Knar Bagh­das­sa­rian, actriz, huyó del genocidio armenio en 1915. La idea de la pareja era llegar hasta Estados Unidos, pero acabaron instalándose en París, donde su hijo Charles nacería el 22 de mayo de 1924. En el restaurante que regentaban, Charles Aznavour empezó a codearse desde muy pequeño con los múltiples artistas que visitaban el local y donde su padre, cuando se ponía a cantar en algunas ocasiones, “hacía llorar” a las mujeres que estaban en la sala. Hoy es Francia la que llora por la muerte del último gigante de la canción francesa.

Entre las reacciones, destaca la del presidente francés, Emmanuel Macron: «Era profundamente francés, aferrado visceralmente a sus raíces armenias, reconocido en el mundo entero, Charles Aznavour acompañó las alegrías y las penas de tres generaciones. Sus obras maestras, su voz, su influencia única le sobrevivirán largo tiempo”. Macron lo había invitado, hace solo dos semanas, a la recepción ofrecida en el Palacio de Versalles al príncipe heredero de Japón. La muerte del hombre que “calentó los corazones de cienos de millones de personas durante 80 años” constituye una “pérdida universal”, dijo por su parte el primer ministro armenio, Nikol Pachinian.

Los homenajes a un “cantante popular”, según el líder del Partido Comunista Francés, Pierre Laurent, e “inmenso” que deja a “todos los franceses en duelo por su talento”, como dijo la ultraderechista Marine Le Pen, se encadenaron, unánimes, desde toda la esfera política gala.

También el mundo de la cultura lloró la muerte de alguien que supo, como pocos, cantar “sobre el amor, el tiempo que pasa, las alegrías y decepciones de una vida, sus instantes felices, una dulce melancolía”, como recordó la ministra de Cultura, Françoise Nyssen. “Uno de los nombres más grandes de la canción francesa nos ha dejado, un artista conocido, admirado y amado en el mundo entero”, agregó. “Qué tristeza estar sin ti… Gracias por todo”, tuiteó el cantante Patrick Bruel. “Era nuestro as inmortal, nuestro as de los poetas”, escribió por su parte Brigitte Bardot en un comunicado remitido a la Agencia France Presse. «Aznavour era Francia», sostuvo por su parte la cantante Mireille Mathieu, para quien el cantante se merece unos «funerales nacionales». Algo que le habría hecho probablemente mucha gracia al propio Aznavour, poseedor de un gran humor. Preguntado hace solo unos meses, durante una entrevista televisada, qué le gustaría que figurara en su epitafio, no dudó un instante: «Encore des vers», respondió con una sonrisa, contento del juego de palabras que significa tanto Más versos como Más gusanos.